El annus horribilis de la industria farmacéutica
| El primer toque de atención ya se produjo en 2001. Las principales revistas científicas del mundo anunciaron unas guías de actuación para garantizar la independencia de la investigación clínica financiada por la industria. Esta medida daba a entender que la relación entre las compañías farmacéuticas y los autores de los estudios realizados con los fármacos de éstas estaba amenazando la integridad de dicha labor. Lejos de mejorar, la inquietud acerca de la creciente influencia de la industria sobre el quehacer científico y sanitario ha aumentado en la comunidad médica. Una corriente de opinión crítica se ha dejado sentir este año en prácticamente todas las publicaciones de mayor prestigio. Independencia 'The New England Journal of Medicine' ha hecho balance del primer año de aplicación de las citadas guías, utilizadas actualmente por más de 500 revistas de todo el mundo como referencia para los investigadores que les remiten trabajos. Su editor, Jeremy Drazen, calificó el resultado de «desolador». Una encuesta realizada a un centenar de centros universitarios estadounidenses mostró que la mayoría de los contratos que suscribían con los laboratorios no exigía que los autores estuvieran presentes en el diseño y desarrollo del estudio, que tuvieran acceso a todos los resultados del ensayo ni que participasen en la decisión de publicarlos, aspectos considerados imprescindibles para garantizar la seguridad de los pacientes y la independencia de la investigación. El Colegio Americano de Médicos (ACP, sus siglas en inglés), una de las sociedades más potentes de EEUU, denunció a principios de 2002, a través de dos documentos publicados en 'Annals of Internal Medicine', el «inmenso poder de persuasión» de las farmacéuticas sobre el colectivo médico e hizo un llamamiento a la responsabilidad ética de los profesionales. El ACP arremetió contra los obsequios y servicios gratuitos que las compañías ofrecen a los galenos, ya que generan una especie de «obligación moral de retorno», e instó a aquellos facultativos que mantienen vínculos financieros directos con los laboratorios y que perciben honorarios, en ocasiones millonarios, en calidad de asesores, conferenciantes y por firmar artículos a explicitar estas formas de relación. La misma transparencia que pidió a las sociedades médicas e instituciones proveedoras de formación a la hora de informar sobre quién financia esas actividades. Pacientes Los mensajes de la industria no se han circunscrito al sector profesional. El consumidor se perfila como la diana más sensible del discurso comercial, un hecho que también ha suscitado alarma. El 'New England', 'The Journal of the American Medical Association' y el 'British Medical Journal' se ocuparon de este aspecto. La revista británica fue la más dura al acusar a las compañías de «vender malestar». Con esta frase advertía de la existencia de un poderoso esfuerzo impulsado por los laboratorios, con la colaboración de agencias de comunicación, de publicidad, medios de masas y médicos, para convencer al máximo número posible de personas de que están enfermas. El objetivo es vender fármacos dirigidos a una población esencialmente sana para tratar «seudoenfermedades» (se citaban la disfunción eréctil, la osteoporosis, la timidez o la fobia social). Para ello se usan herramientas como campañas de información sanitaria, fundaciones sobre determinadas patologías años antes de que se lance un medicamento, reuniones médicas o premios periodísticos remunerados. Ni siquiera los organismos regulatorios de los fármacos parecen ser lo suficientemente fuertes en sus relaciones políticas con los fabricantes. 'The Lancet' reprochó a las agencias del medicamento que cedían con demasiada frecuencia a los intereses del sector, relajando sus exigencias sobre la seguridad y eficacia de los productos y poniendo en peligro los intereses del consumidor. Estas duras palabras formaban parte de una serie de artículos a través de la que esta publicación censuró la labor de las compañías. Los aires de crítica aún no se han disipado. La industria ha empezado a mostrar síntomas de preocupación. www.elmundosalud.com | ||